Con esta expresión tan castiza y espontanea, mi viejo amigo y Secretario Confederal de UGT Cándido Méndez, apostillaba de forma publica cualquier pretensión de que una reforma laboral, en ese momento aun desconocida en toda su perversa profundidad, diera como resultado la creación de puestos de trabajo.Mariano Rajoy y su gobierno ha efectuado una reforma bajo la vieja práctica guerrera de utilizar los minadores y dinamiteros sociales colocando cargas explosivas en los cimientos del edificio social de derechos laborales construido durante más de treinta años, no dejando, como suele denominar la historia “piedra sobre piedra”.
Con esta reforma se ha protegido de forma clara el “tejido empresarial” a base de denostar el tejido laboral. Es decir, construimos destruyendo.
Su eje fundamental es la modificación de las condiciones de despido, “versus” despido único como única solución y esta y no otra es la señal identitaria de esta reforma. Y es que el empresariado español, en palabras de Cándido sigue teniendo una atracción tan irresistible a este procedimiento lo mismo que las polillas a la luz.
La rebaja de 45 días a 33 días es tan falaz que sonrojaría a cualquiera que esté vinculado a mundo laboral. La media de los despidos actuales negociados están en los 22 o 23 días por lo que al disminuir el plazo máximo, los días a percibir por indemnización de despido todavía se verán aun mas recortados, y esto en el caso de que sea demostrable la improcedencia. Porque ahora además se recorta el control jurisdiccional en los casos de despido mediante especificación de causas como descenso de negocio o ventas (que no de beneficios) durante tres trimestres seguidos, o el mantenimiento de pérdidas en balances. Al final damos con una edición corregida y aumentada del tratado neoliberal, ya en práctica, cuando estamos viendo autorizar ERES, bendecidos por la Administración andaluza, en empresas con más de 24.000.000 de euros de beneficios. Este terrible cargo de conciencia social también se lo han quitado de encima, por cuanto los ERES dejarán de necesitar de esa autorización. Antes en los casos de despido improcedente correspondía al empresario la carga de la prueba, ahora en caso de despido procedente corresponde al trabajador demostrar lo contrario. Es la aplicación al trabajador de la denominada “probatio diabólica”, o la práctica de exigir una prueba imposible.
La reforma no va a crear empleo sino más desigualdad y más empobrecimiento en la sociedad en aplicación de condiciones sociales y económicas de tal precariedad que paradójicamente nos podremos encontrar con una familia de cuatro miembros en pleno empleo sin capacidad económica para sobrevivir al sostén diario. La precariedad laboral se convertirá inmediatamente en precariedad social y de ahí al paso de la nueva pobreza es inmediato en un entorno de desigualdades terribles.
La sociedad española debe por tanto decidir ahora si está dispuesta a sumarse a esta nueva casta de “trabajadores pobres”, resultado de la política de reducción del paro con empleo de baja calidad o movilizarse para exigir soluciones en las que la crisis no recaiga sobre quienes menos tienen, mientras las grandes fortunas siguen ostentando sus oropeles intocables y una vez al año cogen “la hucha del negrito” para demostrar que ellos también son solidarios.
Despido libre, salario libre, horario libre. Para eso si habrá libertad; no para decidir, no para vivir, no para expresarse, no para hacer huelga. Se acaba de instaurar el estado de la indignidad por decreto ley.
Por eso, como mi amigo y compañero Cándido, yo también lo digo: ¡¡ Y UNA LECHE ¡¡
Juan Manuel Arévalo Badía
Secretario General
FES UGT JAEN